Tan iluminada ella,
Tan opuesta a mí
Cálida, lejana,
inalcanzablemente hermosa
Hoy sólo se dedica a
mirarme
Una sola noche en los
millones de días de la eternidad
No es raro pensar que
una jornada puede dedicármela
Posándose en mi
ventana, en la ubicación perfecta
En mi peor momento,
para recordarme que existe lo sublime
Y para que sienta
celos de su templanza, de su eterna paz
Para que siga
queriendo ser ella, sabiendo de mi fracaso por anticipado
Hoy la siento más
opuesta que nunca
Su orden y su
misterio me deslumbran, pero no me consuelan
Sin embargo me siento
halagada, agasajada por su presencia
No puedo lamentarme
el único día que me es propia
Debe ser posible
robar un poco de su paz